El origen de las palabras “pruebas” y “tentaciones” provienen del peirasmos, que literalmente significa probar, examinar.
Las pruebas y las tentaciones van de la mano y son herramientas utilizadas por Dios para nuestro bien y por Satanás para nuestro mal.
La tentación no proviene de Dios porque El no puede ser tentado por el mal, ni El tienta a nadie. Es más bien una incitación de Satanás para que desobedezcamos la palabra de Dios y satisfagamos los deseos de la carne.
La tentación no es pecado, pecado es ceder a ella.
La prueba puede convertirse en pecado cuando cedemos a ella, cuando nos encontramos en circunstancias donde no sabemos que hacer, nuestra decisión determinará si estoy o no obedeciendo la palabra de Dios (Hebreos 4:15, Mateo 4:1, Lucas 22:28).
Dios siempre está dispuesto a ayudarnos y darnos la salida en momentos difíciles, sabiendo que tenemos la victoria segura cuando obedecemos Su Palabra, sin embargo al ser tentados y no caer en la tentación, fortalecemos el músculo espiritual débil en nosotros formando nuestro carácter y siendo conformados a la imagen de nuestro Señor Jesucristo.
Job 23:10; 2 cor 2:9, Stg. 1:2-4, 13-15, 1 Co 10:13.